Los Renovadores y una reflexión sobre el tiempo.

¿En qué momento nos volvimos tan veloces?
Usain Bolt y Michael Phelps son dos ex-atletas que desbordaron al mundo con sus victorias hace ya varios años atrás, aunque lo más avasallador fueron sus increíbles tiempos con los cuales batieron todos los récords en sus respectivas categorías, dando un paso más allá de todas esas brechas supuestamente imposibles de superar. Sus capacidades atléticas estaban a un nivel sobrehumano que los transformó durante un tiempo en animales salvajes que no tienen piedad con nadie, que daban a entender que viven sólo para estas competiciones sin mirar a los costados y sin buscar excusa alguna ¿estos competidores serán realmente conscientes de lo veloces que son? ¿su “gen” competitivo está presente en cada situación diaria o sólo se activa al realizar la acción? Sea como sea verdaderamente, tal vez esta sea una esencia humana, la de querer siempre estar un paso más allá, de llegar antes que cualquier otro, de quebrar nuestros propios logros y obtener muchos más ¿en qué momento nos detenemos? ¿vamos cegados pensando en el fin o la meta? Todo esto lo menciono para llegar al intento de comprender al tiempo y su relación con el ser humano, sobre cómo los conceptos de “perder el tiempo” o de “disfrutar cada momento” son dispares los unos con los otros en la sociedad actual ¿cuánto tiempo entrenó Usain Bolt para quebrar todos los récords? ¿Cuánto tiempo pasó nadando Michael Phelps para lograr tantas medallas de oro? ¿Cuánto tiempo estamos dispuestos a sacrificar en pos de un logro? ¿Se valora de la misma manera el tiempo de distintas personas? ¿Por qué nuestro mundo gira en torno al tiempo y por ende al dinero cambiado por él?

La perspectiva del valor del tiempo ha girado en torno a su equivalente en “ganancia”, para este caso el factor monetario, le damos importancia debido al valor que nuestra sociedad o entorno le entrega, el cual le permitimos y autorizamos que somos parte - queramos o no -. El dar un valor al tiempo es más que nada comparar y competir con otros, es demostrarnos qué tan diferente es mi tiempo al tuyo y que es de mejor calidad que el resto. El tiempo en este mismo cuento siempre es lineal y recto, no varía bajo ninguna circunstancia, incluso un leve desvío es un paso atrás enorme que imposibilita de seguir el ritmo tan veloz de la carrera. El tiempo no se detiene a esperar que todos los competidores vuelvan al lugar de partida y se reinicie el mundo, el tiempo sigue, la vida sigue ¿qué pasa con el tiempo del que no puede seguir? ¿puede alcanzar a los demás y volver desde su pasado a encontrarse con quienes lo dejaron atrás? El miedo de mirar desde atrás puede ser agobiante desde la perspectiva general y sobre todo particular, nadie quiere quedarse abajo a contemplar cómo se aleja el resto a un tiempo que jamas volverá, el tempo pasa, entonces ¿qué queda? ¿quedarse atrás? ¿devolver el tiempo? ¿crear otro tiempo? ¿o el asunto es con la velocidad en relación a un tiempo en el cual caemos lanzados? ¿podemos crear ese otro tiempo? ¿existe la posibilidad de crear una variación de tiempo diferente a la ya lanzada para la creación de una propia? ¿cuántos tiempos estaremos viviendo? ¿por cuántas velocidades ya hemos pasado y sufrido?

Nuestro agente determinante de la vida es el tiempo, nuestra independencia y pacto de vida depende de aquello, lo que hacemos con el tiempo y cómo lo hacemos, en qué lo podemos transformar y la manera en que lo podemos moldear. Jugar con el tiempo es nuestro legado de la niñez que se pierde a través de los años, nos domina el miedo que rodea el quedarse atrás, ya no somos esos niños que no les interesa el tiempo, ya no somos esos niños que ocupan el tiempo a su favor y que se moldean en ser de ellos, ahora somos a quienes el tiempo moldeó.

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